La música posee la capacidad de despertar en las personas sentimientos de diversa índole, experimentando reacciones de alegría, melancolía, tensión, relajación etc. Esta misma circunstancia ocurre al momento de bailar, donde se produce una enorme acción emotiva que impulsa a la expresión a través de los movimientos. La música aporta la fuerza y la motivación que se necesita para comunicarse. Pero para que el baile fluya, es necesario realizar previamente un análisis de la música que va a acompañar al movimiento, a fin de identificar aquellas estructuras que van a permitir desarrollar al máximo la expresión y la interpretación.
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